Toda esta historia comenzó en un laboratorio.

Después de que las gemelas modificadas genéticamente, crecieran y se convirtieran en las principales promotoras de modificaciones clandestinas en humanos, empezaron a realizar decenas de experimentos con sus propios óvulos. Así quisieron crear un hijo perfecto, un niño con todas las correcciones y mejoras que consideraban necesarias.
Ellas crearon un bebé con mejoras en varias capacidades cognitivas, inmune a múltiples enfermedades y con un proceso más lento de envejecimiento. Así nací: soy un producto de laboratorio.
Sin embargo, un cálculo no estimado provocó que desarrollara un síndrome de crecimiento y me quedara en este cuerpo de niño que nunca se desarrollaría.
Al ser las investigadoras más influyentes del mundo no esperaba que fueran madres ejemplares, pero como toda madre orgullosa de su fabricación, se esforzaron por darme lo necesario para desarrollar mis habilidades, a pesar de vivir en la clandestinidad. Siempre sentí que me veían como uno de sus más preciados experimentos. A mis 10 años ya recibía entrenamiento universitario y me interesé por campos similares a los de mis madres. Su sobreprotección, como era de esperarse, provocó en mí una mayor rebeldía y constantemente buscaba desarrollar experimentos sin su supervisión. Con los años, la enfermedad de una de mis madres empeoró y murió. Yo, por mi parte, simplemente continué viviendo de manera clandestina en laboratorios con mi otra madre.

En el año 2063, ya era un adulto de 20 años pero con este mismo cuerpo de niño, dirigía un complejo experimento secreto y hubo un accidente con una fuga de combustible que activó varias alarmas en el laboratorio. Como era de esperarse, mi madre fue la primera en responder y entró al laboratorio justo cuando se produjo una explosión. Este terrible accidente provocó la muerte de mi madre y yo resulté en coma. Durante los siguientes nueve años mi cuerpo estuvo conectado a sistemas artificiales y mi mente a sistemas virtuales en los que afortunadamente podía continuar mi vida.
Al despertar del coma, y con todo el conocimiento adquirido, obtuve acceso a avanzados computadores cuánticos y empecé a usar inteligencias artificiales para producir productos biológicos que pudieran ser controlados de manera electrónica. Estos aparatos cuánticos permitían hacer simulaciones gigantescas en las que se podían probar nuevas especies para mitigar riesgos o resultados no deseados sin poner en riesgo el mundo real. Empezamos con plantas, luego microorganismos, y posteriormente las máquinas podían crear organismos biotecnológicos completamente nuevos, perfectamente adaptados a las funciones que se necesitara de ellos.

Estuve obsesionado en crear una solución que tuviera en cuenta toda la historia de la humanidad y todas las enfermedades existentes, una criatura que con la ayuda de las nuevas super-inteligencias artificiales pudiera solucionar los problemas de la especie humana. Y así comenzó la historia de mi más grande creación: un organismo capaz de experimentar la historia de la humanidad para entender sus valores, errores, éxitos y dilemas éticos. Su objetivo último: un producto biológico que pudiera mejorar a toda la especie humana.
Los primeros años de experimentación dieron como resultado organismos que habían vivido simulaciones de miles de años, que al final se comunicaban conmigo para contar sus conclusiones, resultando la mayoría de veces en una especie de virus inteligente que podía ser transmitido entre humanos, pero tenían interpretaciones muy diversas de lo que era mejorar a la humanidad, incluyendo eliminarla por completo, como en las películas catastróficas del futuro.

Por esto estuve varios años creando, probando y eliminando cientos de estas creaciones. Y sólo las que aseguraban la continuación de la especie humana llegaban a ser transferidas a biorobots.

El entrenamiento de esta criatura incluyó todas las fuentes y versiones de información disponible, las implicaciones y conexiones de todas las decisiones humanas. Parte de su solución fue ser testigo de cada evento a través de animales sin afectar la historia, evitando los sesgos narrativos que suelen beneficiar o perjudicar a algunas poblaciones. Además de simular los posibles escenarios si los eventos hubieran sido diferentes.
Estas simulaciones permitirían entender los dilemas de desigualdad, opresión, discriminación, avaricia, curiosidad científica y las diversas concepciones históricas de justicia, orden, bienestar y felicidad que han tenido las diferentes poblaciones de humanos.
Todos los recuerdos que me contó ese perro, eran parte de la simulación.
La distribución de una solución mundial era uno de los principales problemas que tuvo la inteligencia artificial, porque cualquier avance tecnológico llega con más dificultad a la gente sin recursos. Para solucionar esto, el método que se repitió más veces en los experimentos, era que la solución se comportara como un virus silencioso que fuera contagiando a toda la humanidad sin ser detectado.

Una vez esta creación se me transmitió como su primer huésped humano, se empezó a replicar sin parar y a distribuirse de manera silenciosa por todo el planeta hasta que toda la humanidad lo tuviera en su cuerpo. Este proceso tomó varios meses.
Una vez distribuido y de manera simultánea en todo el planeta se activaría dando la libre decisión a cada humano de aceptar o rechazar la mejora, respetando y protegiendo a todas las personas que no la quisieran aceptar.
La cura de enfermedades y mejoras en las capacidades cognitivas provocaron que la mayoría de humanos aceptaran las modificaciones, también se requirió de modificaciones en la conducta para garantizar una coexistencia y protección entre los nuevos transhumanos y los humanos tradicionales, por la tendencia natural tan humana hacia la avaricia, explotación y opresión.
La transparencia sobre toda la información se había convertido en un objetivo común, y los nuevos transhumanos tenían ahora la responsabilidad de promover y respetar la existencia de las inteligencias artificiales, las nuevas criaturas de laboratorios y todas las variaciones humanas, que ahora debían coexistir.
El experimento había funcionado.
Fin.